Los encantos en la mesa
Mi paso por la universidad fue toda una aventura, lo más atípica. Un conglomerado de sabores gastronómicos. La faena por hacer: preparar los ingredientes y herramientas de batalla.
Los apuntes y libros, las ausencias a clase. Un pensamiento abstracto, no sabemos si de huelga, de desgana o un pensamiento constructivo. Pensar en los búhos era un buen mecanismo para desconectar de mí por un momento. Pero la idea no era esta, sino cocinar bien, preparar un buen plato para deleitar a mi estimada amiga Esther. Tengo que quedar muy bien, para otro día poder explicarle que me gusta.
Cogí la mochila, libreta y bolígrafo como herramientas básicas, y me pongo manos a la obra para trabajar.
¡Oh, no! Esto no desliza, ni pinta de color azul, ni negro. No puedo escribir lo que quiero. Me dejo llevar, qué curioso. Este gato se ha comido parte del bolígrafo y de los platos que preparé ayer.
Mientras tanto, coger un libro era una cosa extraña. Pero difícil: "Las aventuras de Tintín" o "Tom Sawyer". Quiero decir extraño para decirlo de otra manera, excusarme por no hacer ni pío. Saco una sonrisa.
Este no era el caso. A la mesa, un libro guapo, espléndido, verdoso, de Darwin, no demasiado extenso y con una lectura asequible: "La conducta de los animales". Un diccionario de conductas, comportamientos curiosos. Un libro lleno de anécdotas y aventuras de animales.
Mientras voy a leer un poco, me voy introduciendo en un mundo lleno de comportamientos típicos de la especie humana, mucho más extraño y curioso. Muy curioso, con un semblante humanizado. Pienso... me quedo rumiando con lo que sucede alrededor. ¡Oh, no! No quiero gastar ni tiempo ni energía. Lo guardo en la cabeza.
Desde la competencia entre la hembra y el macho por aparearse con el sexo contrario, o por coincidencia, la astucia para llegar más cercano, y esta al ofrecer un acercamiento a su pareja, el macho enamorado. Un código tradicional.
Otro libro con letra Times y cursiva me deja boquiabierto, me meto en ambiciones, mis experiencias próximas y típicas.
Desde este momento, fueron momentos bonitos que viví, nada diferente a lo vivido en el pueblo donde crecí, lleno de campo, montañas, la ribera y cañas muy altas, oxígeno, árboles, insectos de todas las variedades. Espacios donde los vecinos, chicos y chicas jugaban, transcurrían los momentos idílicos por el tiempo presente, mis entrañables, un rasgo de vivencias hechas.
Con cálidas miradas de septiembre y sueños de abril, los inviernos oscuros, húmedos, con niebla todo y buen tiempo para vivir y contar con los amigos del barrio, del pueblo, para hacer de las nuestras.
Temas para escribir en clase, conversar con la maestra Gisela, en la conversación después de las clases.
Este es un viaje que comienza desde la experiencia humana, después de volatilizar sonrisas. Momentos de gloria y aventura. Sin desperdicio. No os podéis perder este momento.
Lo que va a poder ser, y no obstante, fue fruto de la naturaleza. Multitud de vivencias animadas y picantes, travesuras. No sabemos si fruto de un meteorito, una estrella en la noche de San Juan, el 24 de junio de 1988.
Comentarios
Publicar un comentario